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De ambulante a reina de las piscigranjas | Lili Carrasco, madre amazonense con inspiradora historia

• Hubo una época en que vivían en condiciones muy precarias y parecía que la angustia se apoderaba de la familia. “Parábamos muy estresados porque no había plata ni para comer”.

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(Juntos).- En un remoto rincón de la amazonía peruana, se levanta frente al imponente río Marañón, un modesto pero pujante caserío llamado Almendro. Sus tierras están bendecidas por un agradable clima tropical y recursos hídricos en abundancia. En temporadas veraniegas, este pueblo situado en el distrito de Imaza, provincia de Bagua, cobra protagonismo por ser un destino obligado para los turistas mochileros atraídos por su riqueza paisajística e impresionantes cataratas.

Allí, vive Lili Carrasco Córdova (25), una joven madre emprendedora del programa Juntos, que supo sacarle el máximo beneficio a los encantos de este hermoso lugar, hasta donde se llega en auto, bordeando una serpenteante carretera por hora y media desde la localidad de Bagua Chica. Ella maneja tres criaderos de gamitana, que, junto al paco y el boquichico, son los peces oriundos de mayor demanda en las mesas amazónicas.

Los ambientes acuáticos se extienden en un área de 1200 metros cuadrados y cada uno puede llegar a producir hasta una tonelada de peces por semestre. Existen varios tipos de piscigranjas según las características geográficas de la zona y volumen de producción. Las de Lili, son estanques de tierra, comúnmente llamadas pozas, distribuidas de manera escalonada para permitir el avance continuo del agua.

Pero detrás de este logro hubo fracasos, sueños y, sobre todo, mucha perseverancia y apoyo familiar. Su historia se inicia en el 2012, cuando a los 16 años decidió independizarse e irse a vivir con Ronald, su eterno amor y cómplice de mil aventuras. A los 17 nació Herberit, la primogénita de la pareja. Luego llegó Piero, su segundo hijo.

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Ellos son su mayor alegría a quienes protege y cuida como una leona. Sin embargo, sus recursos eran escasos. En el 2014 se afilió al programa Juntos, en donde aprendió que la única manera de que sus hijos tuvieran un futuro mejor, era a través de la salud y educación.

Recuerda que hubo una época en que vivían en condiciones muy precarias y parecía que la angustia se apoderaba de la familia. “Parábamos muy estresados porque no había plata ni para comer. Mi esposo se dedicó al mototaxi y yo vendía frutas en los mercados. Luego me puse a criar cerdos. Pasaron como seis años hasta que en el 2018 me di cuenta que varios de mis paisanos salían adelante con la crianza de peces y así nació la idea de las piscigranjas”, cuenta Lili.

Familia de Lili Carrasco

Lo que siguió entonces, fue conseguir un sitio estratégico para construir los estanques. Por suerte, la mujer contaba con un terreno colinoso abandonado situado a escasos metros de su casa por donde circulan corrientes de agua en abundancia que nacen de una deslumbrante catarata. No cabía la menor duda. Era el escenario perfecto para asegurar el éxito de la actividad piscícola.

Hubo que excavar mucha tierra a punta de picos y palas para darle la forma circular a las pozas y alcancen la profundidad mínima requerida. Fueron muchas horas agotadoras de trabajo. Más de tres meses fue el tiempo invertido para instalar su primer estanque. “Felizmente la platita que me entrega el programa me sirvió para comprar un lote de alevinos y con eso pude instalar mi segundo criadero. Cada seis meses cosechamos los pescados y repartimos a diferentes recreos y restaurantes de Chiriaco, El Muyo, Tayuntsa y Juan Velasco Alvarado”, cuenta con orgullo.

Según datos del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), en los sectores de Condorcanqui e Imaza existen cerca 3310 piscigranjas de tipo familiar, siendo la gamitana una de las especies que mejor se adapta en ambientes controlados. Su carne es muy apreciada por su exquisito sabor y alto valor nutritivo. Esta delicia se puede disfrutar en la patarashca, plato típico de la zona, acompañada con patacones (plátanos verdes, aplanados y fritos), a la parrilla, sudado o frito.

A partir del 2000, la piscicultura en Amazonas dejó de ser una actividad incipiente para dar paso a su expansión gracias a la intervención del Estado al poner en marcha programas de crianza tecnificada y laboratorios para el cultivo sostenible de alevines. Por ello, Lili Carrasco cría ejemplares de alta calidad en sus estanques de 20 por 30 metros que pueden alcanzar en medio año, un peso promedio de hasta 1200 gramos.

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Todos los días los alimenta con restos orgánicos, harina de maíz, polvillo de arroz y una planta nativa llamada kutzu, que además de proporcionar microplancton y fertilizar el agua, brinda abrigo y refugio a los alevines. El kilo de esta especie tropical omnívora en el mercado regional cuesta entre 18 a 20 soles.

Lili Carrasco

Ariel Chichipe Puscan, coordinador regional del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), sigue de cerca estos proyectos productivos en los que vienen incursionando, en su mayoría, hogares del programa Juntos. “El caso de Lili, demuestra el enorme potencial que tiene esta actividad, ya que no altera el ecosistema y es una excelente alternativa para disminuir la pobreza. Cada vez las mujeres están adquiriendo un protagonismo notable en este tipo de emprendimientos”, remarcó.

Pero la protagonista de esta historia no se queda de brazos cruzados. Como si hubiera interiorizado la frase del personaje infantil que dice “Hasta el infinito y más allá”, ahora se prepara para su próximo proyecto: abrir un recreo campestre. La idea es convertir sus piscigranjas en un espacio temático para el deleite de los viajeros que suelen visitar Almendro entre los meses de junio y setiembre, cuando cesan las lluvias y el sol empieza a brillar en todo su esplendor, como lo hace ahora Lili.

Redacción de contenido: Programa Juntos

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