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Homero Oyarce, un cantor para el mundo

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Por: Francisco Merino Vigil.- Pero que lindo es el vino / que se bebe en la casa / del que está limpio por dentro, dice Cortez, yo diría que la cerveza que se bebe a orillas del Río y que te ofrece el amigo cuando te abre sus puertas, es quizás mejor que el vino. Así se siente cuando llegas a la casa de la gente que quieres y Homero lo sabe, por eso sale temprano cuando va a Leymebamba, porque sabe que el camino será tan grato como la llegada, porque para en El Tingo, en Zuta, Samanga y en todo paraje en el que sabe está la gente que se quedó con un pedazo de su vida y comparte recuerdos de aventuras, del trabajo, de jornadas y travesías interminables en los pueblos del Utcubamba y los saberes locales, donde están las buenas truchas, donde se puede abrevar al ganado, donde descansan las bestias en los caminos, que es de los amigos de siempre, donde quedaron los amores de antaño. Y así una ruta de dos horas puede tomar ocho, o diez, o doce. Y con algún pretexto se puede volver a hacer otra vez, hasta hoy le estoy contando ya tres viajes…

Homero llega a su Chilingote, de tanto escucharlo en sus letras, como que ya lo conocemos, él entra a su casa y revisa detalles, planta por planta, rincón por rincón, como si esperara encontrar allí un tesoro, quizás lo encuentra. Luego planea mejoras, discute materiales y pide opinión sobre que es mejor, cambiar o arreglar con la preocupación de quien está trabajando una talla. Y quizás así es, talla, modela y conserva su cofre de recuerdos. Yo creo que no viene a cantar solamente, deja si sus sentimientos en versos, pero también se lleva recuerdos, se nutre del cariño de la gente y se lo lleva, hasta su próxima vuelta.

Ando estos días con Homero porque quiere tener tomas aéreas para sus nuevos videos y esto me permite conocer y compartir sus vivencias. Y veo lo que hace, seré infidente: busca juntarse con sus amigos de siempre, sus “promociones”, cada viaje comienza y termina con bromas y chanzas de amigos, recuerdos de colegio, las “chapas” de antaño, anécdotas, carcajadas y un agudo doble sentido que despierta al más cansado y no permite enojos por que se hace con afecto, y nadie se salva, yo estoy seguro que Homero se lleva vida de Chachapoyas.

Otro día llegamos a Lamud y junto a la iglesia esperan Silvia y Pilar, excelentes personas, miembros de “Chicheros y Brujos”, un alegre grupo de gente de Lámud y Luya que mantiene una gran actividad en wattsapy que invitó a Homero a visitar su tierra, primero a Gualamita, unos minutos de ver y de dar gracias al Tayta, luego al asilo, encontramos a los ancianitos de Lámud en un grato ambiente, justo en el almuerzo, Homero canta: “Ay que lejos me lleva el destino / como hoja que el viento arrebata….”, contacta de inmediato con la gente, la empatía es evidente, algunas lágrimas por allí, alguien dice no llores, Homero dice -si se llora!. “Ay de mí tú no sabes ingrata/lo que sufre este fiel corazón” sigue la melodía y se ve en los ojos un brillo por sobre las arrugas de los párpados cansados, quizás cuantos recuerdos afloran, seguro amores que con la música vuelven y bailan. Mientras la música suena, la vida y la juventud se recrean en ellos, es vida lo que reciben, y lo agradecen. Se ve que el cantor lo vive también.

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Luego a reunirse con el resto del grupo que espera para el agasajo, se siente el afecto. Y como “donde hay cuya cuya, hay macacuya”, así como le dan duro en el wattsap, también lo quieren, y lo demuestran, una gran bienvenida con brindis, un locrito de la tierra que te devuelve los sabores de la infancia, chichita casha casha y mucha conversa. A Homero lo trajo la fe a Gualamita. Y su amistad con “los brujos”, pero también vino tras una historia, una historia de amor entre un brujo y una monja que nadie se atreve a contar abiertamente, no se sabe si por qué pasó a mayores, o por lealtad al protagonista que llama y previene que no le cuenten al shapra por que ha ofrecido hacerla más larga dándole verso, prosa y melodía. Y ese es el tema de la tarde, entre idas, venidas y el hurgar en busca de quien se anima a la primera infidencia, pasa la tarde y llega la hora de la partida entre alegres versos:

Ay cañita cañaveral

Cañita buena sin corazón

Si no me quieres que voy a hacer

Con retirarme se acabará.

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La historia tendrá que esperar. El secreto se mantiene, por ahora

[category App, Destacados, Sociedad]

[tags Homero, cantor, Zuta, Samanga]

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